“Bailando 2019”: por qué el BAR no sirve para nada

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El año pasado, en su corta temporada, ShowMatch inauguró un estrado paralelo al jurado llamado BAR -en referencia satírica al nombre del recurso futbolístico inaugurado en el último mundial, gracias al cual pueden analizarse las jugadas dudosas en detalle para dictaminar una cuestión técnica-.

Con el fin de apuntalar técnicamente a los participantes y hacer hincapié en su desempeño netamente artístico, convocaron a Mariela Anchipi, Lourdes Sanchez y Jorge Moliniers, los tres bailarines y supuestamente no tan empapados por el ego del jurado original. Pese a cierto rumbo errático del comienzo -pasaron de un tapón de escenografía lejano y oscuro a un mostrador pequeño en el estudio-, en un punto sumaron con anotaciones muy específicas que iban solamente a la cuestión técnica: un paso mal dado, un truco mal hecho, una pose de baile fallida, etc.

En este 2019, para los treinta años de su programa, Marcelo Tinelli decidió subirle el perfil al ya famoso BAR y lo único que consiguió -a su pesar, seguramente- fue convertirlo en un jurado paralelo donde aparece poco y nada el comentario técnico requerido para -en cambio- protagonizar peleas, entredichos y comentarios tan vacuos como muchos de los del jurado original y muy poco ligados a la función específica que se les pide. La única diferencia real, más allá de su ubicación en la escenografía -enfrentados a sus colegas- es que en vez de poner puntaje del 1 al 10, suman o restan un punto, o dejan el puntaje como está. Pero eso es lo de menos.

El “viejo” BAR: Lourdes Sánchez, Mariela Anchipi y Jorge Moliniers con Marcelo Tinelli en el 2018

El “viejo” BAR: Lourdes Sánchez, Mariela Anchipi y Jorge Moliniers con Marcelo Tinelli en el 2018

Este año, el programa convocó a tres ex jurados que trabajan tanto para su ego como los cuatro que tienen enfrente. Muestran la ropa, recuerdan sus éxitos, sacan a relucir viejos rencores y al mismo tiempo sufren el destierro de “haber sido y ya no ser”: como los viejitos de Los Muppets, miran desde un televisor simbólico sus tiempos lejanos, y si bien siguen siendo referentes en lo suyo y con intachable trayectoria, hay un dejo de nostalgia por haber estado en el mostrador “oficial” y ahora mirar la vida desde la otra vereda, desde el destierro.

Flavio Mendoza, Laura Fidalgo y Aníbal Pachano logran, sin embargo, robarle bastante protagonismo a sus vecinos del jurado; terminan protagonizando las peleas más efectivas en un programa que dice que quiere menos escándalos pero sin los cuales no puede vivir. En la búsqueda del equilibrio entre show televisivo entendido como reality de participantes mezclado con muestra del virtuosismo artístico y de producción sin igual, ShowMatch navega sus aguas con muy buen rating y eficaces hacedores de su ganada fama gracias a su habilidad para hacer eso para lo que fueron convocados una vez más. El hecho de grabar sus programas, como sucedió esta semana, permite a la producción editar momentos en los que se les va la mano, como cuando cortaron la violencia verbal más ríspida entre Aníbal Pachano y Mora Godoy, que jamás salió al aire.

Volviendo a las características del nuevo BAR, lo cierto es que el ego -maldito enemigo tan necesario en estas lides- termina ganando al objetivo inicial planteado: que estas tres figuras consagradas del show analicen cuestiones técnicas específicas, cosa que no sucede casi nunca. Sólo Fidalgo trata de ir por ese lado, pero en su inagotable verborragia -la síntesis es algo que no conoce- también logra ofender a las participantes cuando pide “una bailarina” que explique cómo se hacen las poses o trucos, en desmedro de la figura que está en la pista en ese momento.

Por su parte, Pachano y Flavio Mendoza no pueden con su genio. Terminan ofendidos porque una coach no los defiende por haberle dado trabajo o porque la hija de tal fue opacada por su partenaire. Lo que no consiguen entender -ni quieren hacerlo- es que para esas subjetividades, furias, venganzas, maldades y acusaciones, ya está el jurado. Ese que ellos mismos integraron años atrás, y del cual por distintos motivos fueron eyectados en su momento. Igualmente efectivos y funcionales al show, se los volvió a convocar porque suman y se requiere de ellos una mirada distinta.

Pero no hay con qué darles. Terminan hablando de si les gustó o no “la previa”, “la cara”, “la gracia”, “la actitud”, a veces no les gusta pero “suben un punto” (?) y demás incongruencias. Lo único que salva a los televidentes es que no siempre se pide su “asesoramiento” y entonces en algunas parejas no hace falta la devolución de semejantes divos de otrora tiempos mejores quienes, montados al caballo de su ego, no recuerdan para qué los queríamos ahí.

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